Siempre creí que la fotografía consistía en aprender a observar el mundo que nos rodea.

Con el tiempo descubrí que también era una invitación a comprender el mundo que llevamos dentro, porque la forma en que miramos a los demás siempre habla, de alguna manera, de la forma en que aprendimos a mirarnos a nosotros mismos.

Mis primeros recuerdos con la fotografía no comenzaron en un estudio ni detrás de una cámara profesional, comenzaron durante mi último año de secundaria, cuando decidí registrar junto a un amigo una etapa que sabíamos que nunca volvería a repetirse, durante todo ese año fotografiamos momentos cotidianos, amistades y vivencias que, en ese momento, parecían simples, pero que con el tiempo se convertirían en recuerdos irrepetibles, al finalizar el año reunimos todas esas imágenes en un CD y las compartimos con nuestros compañeros, sin saberlo, ese fue mi primer acercamiento a la fotografía.

Lo más curioso es que aquella experiencia no despertó en mí un interés por la técnica, despertó algo mucho más profundo: la posibilidad de conservar aquello que tiene un verdadero significado para las personas.

Años después, cuando comencé a estudiar fotografía, nunca imaginé que terminaría convirtiéndose en mi profesión., sentía una profunda curiosidad por entender ese lenguaje y descubrir por qué una imagen podía emocionar tanto, la respuesta comenzó a aparecer cuando fotografié a mis primeras familias, ver la emoción con la que recibían sus retratos me hizo comprender el verdadero valor de este oficio.

Con el tiempo entendí también algo muy personal, durante mi infancia existen muy pocas fotografías mías, no tengo demasiados registros de esos primeros años de vida y, quizás por eso, hoy valoro profundamente el poder que tiene una imagen para conservar aquello que el tiempo inevitablemente transforma, cada vez que una familia o una mujer embarazada deposita su confianza en mí, siento la enorme responsabilidad de crear un recuerdo que algún día tendrá un significado todavía mayor que el que tiene hoy.

La fotografía terminó transformando mi vida de maneras que nunca imaginé, me permitió dejar mi trabajo en relación de dependencia, dedicarme por completo a esta profesión y, pocos años después de comenzar mi camino, descubrir otra de mis grandes pasiones: la enseñanza. En 2016 dicté mi primer workshop y comprendí que enseñar no consistía únicamente en transmitir conocimientos técnicos, era una forma de acompañar a otras personas en un recorrido que, en muchos aspectos, también se parecía al mío.

Hoy entiendo que la fotografía es mucho más que mi profesión es el puente que encontré para conectar con las personas, compartir experiencias, aprender constantemente y devolver, a través de cada retrato y de cada formación, una parte de todo lo que este camino me regaló.